Metamorfosis

El cambio no es instantáneo, pero una mañana te despiertas y lo sabes. Ves el mundo desde otra perspectiva. La manija de la regadera se patina entre tus manos, como todos los días, pero esta mañana ya eres consciente de eso.Subes al auto, y necesitas voltear a ver el control, para quitar la alarma, pues el botón para activarla “se siente” de la misma forma que el botón para desactivarla. La camioneta tiene un control más “amigable”.

Ya rumbo a la oficina, el amarillo brillante de un anuncio sobre un edificio distrae tu atención, y después de un instante, vuelves la vista al camino; la combinación de colores te resulta, por lo menos, inapropiada, y eso te desanima a probar el licor que el chillante anuncio promociona.

Entras a la oficina, y al dejar la puerta de entrada, te pareció que la manija esta debajo de la altura perfecta. ¿Consideraron a alguien para definir esa altura? ¿A quién?

El tiempo transcurre y todo sigue casi normal. El sol está alcanzando el cenit y ya estás atando varios cabos; piensas diferente, percibes diferente, te sientes diferente... eres diferente.

Tu colega y amigo, el que conoces desde hace tiempo, te pide que revises un documento que está por entregar; no es la primera vez que lo hace, pero es la primera vez que lo percibes; lo que tu amigo agradece es que le corrijas algunas faltas de ortografía, cuestiones de redacción, pero también contenido... no es difícil para ti. Le devuelves el documento al cabo de unos minutos, y lo haces no sólo porque es tu amigo, sino porque te gusta hacerlo; además, sabes bien que suele equivocar los acentos en las graves, y abusa del “por lo tanto”.

¿Estos cambios serán temporales?, no lo sabes, pero no te inquieta, te sientes bien, quizá un poco más “perceptivo”, como te dijo tu esposa cuando le hiciste un comentario sobre su falda.

Piensas: “soy un buen desarrollador, tengo mucha experiencia en más de una plataforma y he participado en distintos proyectos de diversos tipos. Soy bueno en lo que hago. ¿Qué desencadenó este cambio? ¿Por qué me doy cuenta de cosas hoy que ayer no percibía?”

Ya camino a casa, notas que esa máquina de refrescos no tiene al lado un bote de basura como el resto. ¿Quién pondrá ese bote que falta?

Llegas a casa y reflexionas, ¿Qué me ha pasado? Te sientes bien, relajado, pero, tienes en la mente muchas más preguntas que de costumbre; ahora tu ojo es mas crítico. ¿Por qué ahora me pongo a pensar en el fundamento que debería tener el entrevistado del programa de las nueve?

Generas varias conjeturas: ¿Qué fue lo que me pasó? ¿Por qué a tantas cosas le encuentro “detallitos”? ¿Por qué se me ocurren mejores formas de hacer las cosas? ¿Por qué de repente pienso en lo que hay detrás de algún hecho, alguna afirmación, algún suceso? ¿Por qué me gusta cada vez menos asumir o suponer algo, y necesito cada vez más, una confirmación, una evidencia?

Sobre la mesa del comedor, abres el viejo libro de Myers, vuelves a hojearlo y haces lo mismo con artículos de Kaner Black... de unos brincas a otros: Craig, Beizer, Jorgensen; cada vez hay menos eslabones sueltos.

Tu mente recorre rápidamente todos y cada uno de esos detalles que entretuvieron tu mente, y que antes no percibías; estás muy cerca de darte cuenta.

Ya en la obscuridad, atas el último de los cabos; ya no eres el mismo. Tu transformación comenzó hace algún tiempo; hoy terminó una fase. Has cambiado. Has evolucionado: eres un Software Tester.

Acerca del autor
Abraham Castillo es actualmente senior tester de caja blanca en e-Quallity; es instructor en ese tema en los cursos impartidos por e-Quallity. Es ISC por el ITESO. Trabajó como desarrollador por más de 10 años y desde hace más de 5 años ha estado involucrado en proyectos de calidad y prueba de software.