Jack O Lanterns y conveniencia

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Es difícil pensar en un símbolo más claro de Halloween, que una calabaza con cara.  Ni los fantasmas, ni las calaveras, ni los vampiros, ni las momias: calabazas con caras iluminadas. Pero ¿De dónde viene esta tradición?

Primero que nada la festividad: los orígenes del Halloween se remontan a una celebración celta llamada Samhain, en la que, ellos creían,  el velo que divide el reino de los vivos con el reino de los muertos, era tan delgado que los espíritus podían atravesarlo. De esta fecha vienen muchas tradiciones, y también vienen muchas historias, como la de Jack el tacaño (Stingy Jack). Cabe recalcar que esta historia fue adaptada a sensibilidades cristianas entonces, se hicieron muchas modificaciones, como la adición de elementos como las cruces, el diablo como personaje, etc. ¡Ah! y tampoco ayuda que hay muchas versiones del mismo cuento y quién sabe cómo habrá sido la historia original.

En fin, la historia de Jack el tacaño habla de un viejo —llamado Jack— que es de esos a quienes no les gusta estar con otras personas. Huraño, amargado y grosero. Aquí hay algo que imagino que se perdió en la traducción: En las versiones que leí para este artículo, Jack se muestra pesado, huraño, insufrible, pero nunca tacaño. Hay tantas versiones de esta historia, que creí prudente resumir los puntos que no cambian:

  1. El diablo llegar por él para llevarlo al infierno.
  2. El “tacaño” consigue engañarlo, para que no se le permita la entrada a este lugar ominoso y así no tener que sufrir ese castigo.
  3. Eventualmente, muere y no puede entrar al cielo, por llevar una vida indigna de este lugar.
  4. Rechazado del cielo, acude al infierno y el diablo no lo deja pasar pero le da un ascua (que, por ser del infierno es perpetuamente luminiscente) para que ilumine su camino.
  5. Jack pone esta ascua en un nabo, le hace algunos agujeros y lo usa como linterna, ( a Jack’ o lantern) para así vagar sin rumbo por la eternidad, siendo Halloween la fecha en la que puede entrar al mundo de los vivos, por aquello que el velo entre los dos mundos es más fino.

Me encantaría contarles, una o tres versiones de la historia de Jack el tacaño no tacaño, pero esto haría que el texto se extendiera hasta el siguiente Halloween. Por hoy les cuento que, en Europa, particularmente Irlanda, la tradición de tallar caras en los nabos se volvió muy popular. Todos lo hacían en estas fechas y esa tradición viajó con los europeos a América del norte, y los primeros conquistadores blancos de lo que ahora es Estados Unidos, trajeron consigo la tradición del Halloween y con ella, la tradición de tallar nabos.

El lector atento habrá notado que un nabo no es una calabaza. Más aún, interrogando la memoria, yo mismo no tengo recuerdos de haber visto un nabo con cara, bueno, antes de hacer la investigación para este artículo, que vi la Ghost Turnip del museo de Irlanda (ver imagen).

Ghost Turnip

Pues, como en casi todo, la conveniencia es la respuesta: En primera, en América del norte, encontrar calabazas era sumamente sencillo, más que encontrar nabos, segundo, es mucho más fácil tallar una cara en una calabaza, y tercero, hay más espacio para poner una linterna.. Súmese a esto, que uno de los cuentos más populares de estas fechas, es del autor americano Washington Irving, quien tomó esta imagen y la integró en su cuento: The Legend of Sleepy Hollow, en el que se menciona al famoso jinete sin cabeza.

Listo: Cimentada la imagen. Claro que, siendo una tradición centenaria, hay muchos detalles que no estoy mencionando por la brevedad del texto, y muchos más detalles que no conozco y me voy a morir sin conocer. Sin embargo creo que estos ingredientes, que juntos y con el tiempo, hacen una tradición, son interesantísimos, ya que las tradiciones requieren la adopción de todas las personas. Y esto nos lleva al tema de Diseño de narrativa, del que escribiré más tarde.